El reciente apagón eléctrico que afectó a gran parte de España no solo interrumpió servicios esenciales como el transporte y la comunicación, sino que también dejó al descubierto nuestra profunda dependencia de la conectividad digital y las consecuencias que esto tiene en nuestra salud mental.
Durante las horas sin electricidad, muchas personas experimentaron una ansiedad notable al no poder acceder a sus dispositivos móviles ni a internet. Este fenómeno se relaciona con la nomofobia, el miedo irracional a estar sin el teléfono móvil, que puede generar niveles de estrés comparables a situaciones como una boda o una visita al dentista.
La necesidad constante de estar informados y conectados, impulsada por el miedo a perdernos algo importante (conocido como FOMO, por sus siglas en inglés), se hizo evidente cuando muchas personas recurrieron a radios tradicionales para obtener noticias durante el apagón.
«La desconexión voluntaria puede reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y aumentar la serotonina, mejorando nuestro estado de ánimo»
CARLA ÁLVAREZ. PSICÓLOGA.
Impacto en la salud mental
Estudios recientes indican que la adicción a las redes sociales está detrás del 55% de los síntomas de ansiedad y del 52% de los de depresión en España . La hiperconectividad constante puede llevar a una fatiga mental conocida como tecnofatiga, caracterizada por agotamiento físico y emocional debido al uso excesivo de la tecnología. Además, la sobreexposición a contenidos en redes sociales puede afectar la autoestima y generar trastornos de la imagen corporal, especialmente entre los jóvenes.
Es por eso que unas horas sin acudir al click continúo y al scroll infinito pudo ayudar a reconectarnos con nosotros mismos y los que nos rodean. Pero no podemos perder de vista que no todos los casos son iguales. La salud mental también se ve afectada de manera negativa por la desconexión eléctrica. Pensamos en aquellos con personas dependientes a su cargo que requieren de información constante, aquellas personas que necesitan estar conectadas a soportes vitales para poder seguir viviendo. Hay muchas excepcionalidades y es justo romantizarlo todo de un momento de tanta incertidumbre.
Una oportunidad para reconectar
A pesar de los inconvenientes, el apagón ofreció una oportunidad para reflexionar sobre nuestra relación con la tecnología. Muchas personas redescubrieron el valor de las interacciones cara a cara y la importancia de desacelerar el ritmo de vida. Vivimos escenas sociales dentro de la vorágine de la rutina diaria, trabajadores saliendo a pie de calle a preguntar a sus iguales y no a hacer una búsqueda en ‘Google’ o en redes sociales, de pronto resurgió la figura del portero, del camarero, del taxista o el vecino que contaba lo que sabía. Volvimos a las fuentes de información primigenias, las que nos hacen humanos, la mirada directa y el cara a cara. La que nos sana.
La psicóloga Carla Álvarez Llaneza señala que la desconexión voluntaria puede reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y aumentar la serotonina, mejorando así nuestro estado de ánimo
El apagón en España fue más que una interrupción del suministro eléctrico; fue un recordatorio de nuestra vulnerabilidad ante la dependencia tecnológica y una llamada de atención sobre la necesidad de equilibrar nuestra vida digital con momentos de desconexión consciente. Al reconectar con nosotros mismos y con quienes nos rodean, podemos fortalecer nuestra salud mental y bienestar general.
La tecnología es fundamental, por supuesto, pero recordémonos de manera consicente y voluntaria que, cada cierto tiempo, es necesario hacer un apagón y reconectar con lo que de verdad importa. Por salud mental.

