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Malas noticias

Miguel Cuesta Rubio. Comunicación y Deportes Fundación LIDERA. Es indudable la influencia que ejercen sobre nosotros todos los elementos externos que nos rodean y que nos golpean y dejan cicatrices, así como un planeta está recubierto de cráteres por el incesante golpeo de asteroides. Todo nos afecta y todo nos cambia.

La pregunta a la que tratamos de dar solución es: ¿cómo lo afrontamos?

Sin embargo, hoy en lugar de detenernos en la solución al problema me gustaría que contribuyéramos a anticiparnos a la herida. O, al menos, a que sea menos profunda.

Hoy ponemos el foco en los medios de comunicación y en sus noticias que, muchas veces, influyen y determinan la salud emocional de la sociedad. En la carrera de periodismo hay pocas cosas prácticas para la profesión real, especialmente a nivel teórico. Pero hay un concepto que se lleva a rajatabla en las escaletas de todos los medios informativos ya sea televisión, radio, prensa escrita y ahora más que nunca en redes sociales. Hablamos de la agenda setting.

«¿Todo vale por la audiencia? Parece que sí. ¿Todo vale a costa de la salud mental de la audiencia? Es una pregunta que deberíamos empezar a hacer.«

Miguel Cuesta. Comunicación y deportes de Fundación Lidera

<<La teoría del establecimiento de la agenda se refiere a cómo los medios influyen en el público. El estudio realizado por McCombs y Shaw en 1972 refiere a que la gente considera unos temas más destacados que otros en proporción directa a la importancia que le dan los medios.>>

Por otro lado, tenemos el valor-noticia, que es lo que convierte a un hecho susceptible de aparecer en el informativo que vemos a la hora de comer. Entre otros, priman dos por encima de todos: el conflicto y la negatividad. Aquellos contenidos basados en guerras, violencia, discusiones políticas, muerte -y demás bajezas del ser humano- constituyen un rico menú para las parrillas de los medios de comunicación.

Estos ingredientes metidos en la coctelera se transforman en una peligrosa droga que consumimos a diario y que afecta a nuestra salud emocional de una manera directa. Nos hace ver un mundo hostil dónde todo, absolutamente todo, es negativo. No hay buenas noticias, por lo tanto, la vida es menos llevadera.

El volcán de la Palma, la guerra de Ucrania, el caso de Daniel Sancho, un nuevo conflicto palestino-israelí, la situación política de España, son temas principales que se van dando la mano unos a otros o que permanecen dormidos hasta que hay novedades y que mantienen la tensión emocional de los espectadores españoles en punto de ruptura.

¿Todo vale por la audiencia? Parece que sí. ¿Todo vale a costa de la salud mental de la audiencia? Es una pregunta que deberíamos empezar a hacer.

Obviamente no todo son malas noticias, siempre hay toques especiados de informaciones ligeras para que todo se pueda digerir mejor. El aceite del engranaje. Pero quizás sea necesario que esos ingredientes vayan cobrando más importancia en el menú: avances médicos para mejorar la salud de la población, la propuesta de jóvenes emprendedores de éxito, entendimiento entre instituciones para lograr un fin común.

Porque, seamos sinceros, ¿es todo tan malo? Lo tengo muy claro: no. Pero todo depende de la perspectiva y de lo que nos dejemos influenciar.

Tú eliges con que noticia quedarte. Hay malas noticias, pero mejor quédate con las buenas.

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